En la lista de gente del Campus que hace más ruido definitivamente tendríamos que estar nosotros, aunque quizá sea en parte debido a los abucheos dirigidos hacia nuestro cubículo. Asumir hace un año la dirección de signoazul no fue fácil. Pensar en periodismo universitario provoca en cualquiera un terror genuino, pero (puedo asegurarlo) suscita igual cantidad de entusiasmo. Con la autoimpuesta y no necesariamente cumplida a cabalidad misión de dotar de orden y de calidad a la revista (en realidad órgano informativo de publicación bimensual, incatalogable como periódico, boletín, panfleto, anecdotario, bitácora, poemario o libro vaquero), y con la consigan de mantenerla en pie pese a todo, iniciamos esta tarea tan irremediablemente extenuante como increíblemente divertida.
Divertida porque, pese a los desencuentros, los malentendidos, los errores y omisiones, los enojos y hasta los golpes con los colaboradores ( y , por decontado, entre nosotros mismos) , a lo largo de este año aprendimos como poccos tienen la oportunidad de hacerlo. Aprendimos con el simple acto de ubicarnos, cámara y libreta en mano, frente a una persona para escuchar todo lo que tuviera que decir y finalmente plasmarlo con el mayor de los cuidados (aunque no siempre con el mayor de los éxitos) en una hoja de papel entintada de azul. Aprendimos, basta. Agradecemos a quienes lo hiceron posible.
Independientemente del destino de este par de candidatos a graduarse, signoazul seguirá publicándose, me atrevería a decir, por siempre. O al menos hasta que exista el Campus Estado de México: sus destinos están ligados como en el más inimaginable de los matrimonios. Y es que toda comunidad demanda, tarde o temprano, registrar los múltiples cambios que experimenta en el tiempo, de modo que cada experiencia se vuelva realmente común y trascienda. Eso creemos, es lo que suele llamarse identidad.
* Artículo publicado en signoazul, Benjamín Hernández / Mayo 2004



