Pareciera que es elástico. Que esta experiencia se puede alargar y alargar y alargar. Por salud mental, no más. Sin embargo la nostalgia, el recuerdo de lo emocionante que es contar la historia. Escucharme y volverme a leer a interpretar, agregar, quitar algún detalle; que al final puede que lo cambie todo. La cara de los interlocutores al conocer las verdades, mi “veldá”. Sus consejos, su apoyo sus besos y apapachos todo para consolarme y decirme una y otra vez que estoy mejor solo, vamos sin ti. Es emocionante siempre tener una historia.
No se que será lo que más echaré de menos, las historias para contar o los breves momentos de sentirme tuyo, completo, que nos pertenecíamos, eramos uno. Momentos en los que yo era a partir de ti, y tú eras para mi y por mi.
La última reflexión de la tarde, de la mañana o de la noche, la reflexión del balance siempre te favoreció. Era un pensamiento también elástico, permisivo, complicado, ambiguo pero muy muy rico.
Hoy, ¿ qué extrañaré más, las historias para contar o los momentos de complicidad y de ser uno y solo uno?
